martes, junio 27, 2006
tranquilidad hogareña
es algo que yo agradezco mucho. No es tiempo para algo, en realidad es tiempo para nada. M: no me mires, no me toques, no me hables, no estés. Mis ratos de tranquilidad hogareña son muy pocos ultimamente, creo que no cumplen el promedio semanal que debería recomendar la OMS. Y lo raro-bueno es que anhelo esos ratos para nada. Para estar en el ordenador leyendo blogs de desconocidos y periódicos de lugares recónditos. Para tomar mate. Para estar descalsa sin que me amenace una bronquitis con 30 grados. Para andar en bragas. Para descansar. Más que el cuerpo la mente. Para respirar hondo y soltar el aire. Nada más; ni nada menos. La mañana se pasa con mucho gusto. Y yo me voy al gim, a traspirar más. Que para eso lo pago!
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